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Una nueva conciencia global

Las medidas extraordinarias adoptadas para hacer frente a la pandemia de coronavirus permiten vislumbrar lo que podría ocurrir en la lucha contra la actual crisis climática.

Gerard Martret
· 2 min de lectura
Primer plano de los ojos de una persona por encima de una mascarilla quirúrgica

Las medidas extraordinarias adoptadas para hacer frente a la pandemia de coronavirus permiten vislumbrar lo que podría ocurrir en la lucha contra la actual crisis climática.

El brote de coronavirus y la crisis climática son dos peligros globales distintos, y ambos pueden tener consecuencias devastadoras. Sin embargo, solo el primero ha desencadenado una acción mundial de gran alcance en cuestión de semanas. Con contagios confirmados ya en más de 150 países, los gobiernos están imponiendo estrictas medidas de cuarentena para contener su propagación y obligando a la población a quedarse en casa.

Sin duda estamos respondiendo a esta emergencia con una gran cantidad de medidas inmediatas, y todos nos hemos unido en torno a la ciencia médica para revertir su tendencia potencialmente mortal. Pero la crisis ambiental no es muy distinta en cuanto a magnitud y número de personas a las que va a afectar. Resulta muy significativo ver lo rápido que reaccionamos ante el virus mientras todavía no hemos sido capaces de actuar contra el cambio climático.

El lado positivo de la nube del coronavirus

Como esta crisis ha provocado una fuerte reducción de los desplazamientos y el cierre de fábricas, los científicos han registrado un descenso de los niveles de contaminación atmosférica en todas las zonas del planeta afectadas por los confinamientos, con una caída del 53 % de las emisiones de CO2 y de contaminantes similares en comparación con las emisiones de marzo de 2019.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 7 millones de personas mueren cada año por respirar aire contaminado, y se calcula que nueve de cada diez personas respiran a diario aire con altos niveles de contaminantes.

Revertir el cambio climático no debería exigir paralizar la economía y la sociedad, sino una acción colectiva sostenida, mientras seguimos mejorando nuestras vidas y aumentando nuestras expectativas de vida. Es hora de escuchar a los investigadores del clima tanto como estamos escuchando a nuestros expertos médicos.

Nos corresponde a nosotros, como seres humanos, tomar la decisión definitiva. Podemos repetir el patrón de desunión, que no solo prolongará la crisis actual, sino que provocará tragedias aún más graves, o podemos explorar el nuevo camino de la solidaridad global, que no solo vencerá al coronavirus, sino también a la crisis que se cernirá sobre la humanidad en los próximos 30 años.

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