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Tranquilidad para los conductores que pierden los nervios al volante

Si elegimos el transporte a demanda, podemos contribuir a reducir el número de coches en nuestras carreteras y ciudades. Y, al mismo tiempo, conseguir barrios mucho más tranquilos, silenciosos y habitables, donde la conducción temeraria y agresiva no tenga cabida.

Jonàs Ramírez
· 3 min de lectura
Conductor contrariado al volante mirando por la ventanilla del coche

Seguro que todos lo hemos visto o vivido alguna vez: en pleno atasco, conduciendo con mal tiempo o con la preocupación de llegar tarde a una cita importante... El estrés acumulado se descontrola y cedemos a un arrebato de ira, culpando de todos nuestros problemas a todo lo que nos rodea (nuestro coche, los demás conductores). Y así nos convertimos en conductores agresivos.

Desde el punto de vista de un conductor agresivo, siempre son los demás, y no nosotros, quienes conducen mal, se saltan las normas de circulación o nos retrasan provocando atascos. Cuesta darse cuenta de que, en cuanto nos ponemos al volante, estamos eligiendo activamente formar parte de la situación y nos convertimos en una parte más del problema.

En algunos casos (por suerte, pocos), los conductores agresivos pierden por completo el control, lo que les lleva a conducir de forma temeraria, a exceder la velocidad, a pasar por alto las normas de conducción más básicas e incluso a enfrentarse, insultar y, en los casos más extremos, agredir físicamente a otros conductores. Existen numerosos estudios sobre este fenómeno y sus causas, con consejos para una conducción más segura y tranquila. Pero lo cierto es que el aumento constante de vehículos en unas carreteras ya congestionadas, con su capacidad de absorber tráfico al límite, no ayuda a resolver la situación. Al contrario, solo la empeora.

Cuando nos encontramos en situaciones que pueden llevarnos a conducir con agresividad, es aconsejable mantener la cabeza fría y recordar ser generosos con los demás conductores. Levantar el pie del acelerador, evitar los cambios bruscos de carril o no entrar en discusiones con otros conductores son algunos de los muchos caminos que podemos seguir.

Es necesario reducir el número de vehículos que circulan por nuestras carreteras. No solo desde el punto de vista de la sostenibilidad y la reducción de emisiones, sino también por nuestra tranquilidad personal. Con menos coches en las carreteras, podemos reducir el ruido, los atascos y el mal humor y, poco a poco, devolver las ciudades a sus verdaderos dueños: las personas.

El transporte a demanda puede contribuir de forma importante a conseguirlo, con un transporte público flexible, eficiente y sostenible que ocupe el espacio entre el taxi y el transporte público masivo, hoy ocupado por el vehículo privado. Una solución de primera y última milla con conductores que dejan de ser un automovilista anónimo más para convertirse en conductores de la comunidad.

Este tipo de transporte público es posible. En Shotl llevamos años implantando soluciones flexibles y a demanda en pueblos y barrios aislados y en zonas rurales y periurbanas. Allí donde existe una necesidad de movilidad y falta una solución eficaz, lo que obliga a los vecinos a recurrir al vehículo privado.

Podemos lograrlo trabajando todos juntos. Si elegimos el transporte a demanda, podemos contribuir a reducir el número de coches en nuestras carreteras y ciudades y, al mismo tiempo, conseguir barrios mucho más tranquilos, silenciosos y habitables, donde la conducción temeraria y agresiva no tenga cabida.

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