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Bus de tránsito rápido: soluciones sostenibles para ciudades con pocos recursos

A medida que crece la población urbana, los planificadores necesitan soluciones de transporte masivo sostenibles que salven el planeta sin costar un dineral. ¿Podría ser el bus de tránsito rápido (BRT) la clave?

Osvald Martret
· 4 min de lectura
Autobuses naranjas de Metro Local circulando por una calle céntrica con palmeras y rascacielos

A medida que crece la población urbana, los planificadores necesitan soluciones de transporte masivo sostenibles que salven el planeta sin costar un dineral. ¿Podría ser el bus de tránsito rápido (BRT) la clave?

Implantado por primera vez en Curitiba (Brasil) en 1974, el BRT ha vivido un fuerte crecimiento en los últimos años. Hoy, junto con los sistemas de carriles bus mejorados, transporta a más de 32 millones de personas en 200 ciudades de todo el mundo.

El BRT consiste en un conjunto de medidas para mejorar la velocidad, la frecuencia y la eficiencia, de modo que los autobuses se acerquen al nivel de servicio de un tranvía: un carril exclusivo y separado físicamente; prioridad en la gestión del tráfico; semáforos en onda verde; estaciones con mayor capacidad (de pasajeros y de vehículos) y acceso a nivel del andén, y venta anticipada de billetes.

Sus principales ventajas son el coste y el plazo de implantación. El metro o el tranvía ofrecen servicios más rápidos y de mayor capacidad y son preferibles para los grandes ejes de alta densidad. Sin embargo, el BRT es relativamente barato y sencillo de instalar y puede implantarse por fases, desde cero o modificando una línea existente, según el presupuesto o las limitaciones de la infraestructura actual. Evidentemente, cuantos más elementos se incluyan, mayor será la eficiencia.

Un coste menor también significa un riesgo menor, lo que permite a las autoridades tantear el terreno. En Francia, por ejemplo, el bus à haut niveau de service ha generado demanda en determinadas zonas antes de invertir más en, por ejemplo, tranvías. Además, como el BRT no depende de raíles, puede seguir circulando con el tráfico mixto al final de su recorrido, una prolongación que con el tiempo podría convertirse también en BRT.

Sin embargo, han sido las regiones en desarrollo, como Sudamérica y Asia, con una baja tasa de motorización y presupuestos de transporte limitados, las pioneras del BRT y quizá las que más se han beneficiado: el 80 % de los viajeros, unos 2 millones de pasajeros al día, usan el BRT de Curitiba; el corredor TransOeste de Río redujo los tiempos de viaje por la ciudad de 1 hora y 40 minutos a 45 minutos, y en Ciudad de México la reducción de los tiempos de viaje debería traducirse en 141 millones de dólares de productividad económica recuperada.

También hay beneficios para la salud pública: las calles latinoamericanas con BRT han registrado una reducción del 40 % de muertos y heridos, y Ciudad de México podría ahorrar unos 4,5 millones de dólares en jornadas laborales recuperadas que antes se perdían por enfermedad, además de evitar cuatro nuevos casos de bronquitis crónica y dos muertes al año.

Por supuesto, aprovechar plenamente estos beneficios exige cambios de actitud y de comportamiento. Por ejemplo, las rutas y horarios fijos y la compra del billete fuera del vehículo pueden ser una novedad para los pasajeros de algunas regiones. Además, los urbanistas tienen que replantearse el desarrollo en torno al transporte, y no al revés, y comprometerse a dar prioridad al BRT frente a otros modos donde coexistan. Como señala el consultor de transporte público Jarrett Walker, el elemento clave es la separación física del resto del tráfico. De lo contrario: «Muchísimos proyectos de BRT en Estados Unidos empiezan con carriles exclusivos, pero luego hacen demasiadas concesiones por el camino. En el peor de los casos, acaban siendo un montón de infraestructura bonita con poca o ninguna mejora en los tiempos de viaje».

Un transporte público coordinado y de alta ocupación siempre es preferible para mover a un gran número de pasajeros en zonas de alta densidad. Sin embargo, ahora existe la oportunidad de cubrir el hueco con transporte de menor ocupación y ponerlo al servicio del BRT mediante lanzaderas a demanda que ofrezcan conectividad de primera y última milla. Además, sobre todo en las regiones en desarrollo, la tecnología de Shotl podría utilizarse para digitalizar el microtransporte informal y no regulado, mejorando su seguridad y fiabilidad y convirtiéndolo de competidor en colaborador.

Obviamente, no hay una fórmula mágica en el transporte, pero el BRT ofrece un compromiso excelente y sostenible entre capacidad, velocidad y coste. Y si se aprovecha el potencial de las alianzas público-privadas con el microtransporte, podríamos ver una adopción aún mayor en el futuro.

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