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COVID-19: ¿amenaza u oportunidad para la movilidad a demanda?

La COVID-19 ha paralizado el mundo y ha afectado a vidas y negocios. Pero este parón forzoso también es una oportunidad para hacer balance y estar mejor preparados la próxima vez.

Osvald Martret
· 4 min de lectura
Ilustración de una calle de barrio con puntos de recogida de Shotl y la ubicación de un pasajero

La COVID-19 ha paralizado el mundo y ha afectado a vidas y negocios. Pero este parón forzoso también es una oportunidad para hacer balance y estar mejor preparados la próxima vez.

El Citymapper Mobility Index es el reflejo de un mundo detenido. Algunas grandes ciudades de Estados Unidos y Europa se mueven solo al 3-5 % de sus niveles normales, mientras que en Asia las cosas empiezan a ponerse lentamente en marcha de nuevo.

La mayoría no estábamos preparados para la pandemia, tampoco las autoridades de transporte. Con el desplome de los viajeros y de la venta de billetes, su reto ha sido equilibrar los recortes de costes con el mantenimiento de los servicios esenciales y la protección de pasajeros y personal. Algunas han optado por aumentar la frecuencia para evitar aglomeraciones; otras han instalado mamparas, han permitido subir por la puerta trasera, han levantado las barreras de validación o han suspendido el cobro de billetes para reducir al mínimo la interacción y facilitar la distancia social.

Sin embargo, como tantas otras, son medidas que ponen parches a posteriori, y la COVID-19 es una llamada de atención. Las pandemias mundiales no son cosa del pasado; la próxima vez tenemos que estar mejor preparados. En circunstancias sin precedentes como esta se necesita un transporte flexible y adaptable, y ahora es el momento de que los proveedores de movilidad a demanda den un paso adelante con soluciones innovadoras que conviertan las amenazas en oportunidades.

La principal de esas amenazas es nuestro recién adquirido miedo al espacio compartido, algo con lo que nuestros antepasados se identificarían. La distancia física para evitar la propagación de enfermedades estaba presente en las amplias avenidas y la expansión urbana de principios del siglo XX, tan desastrosas para el tejido social y el medio ambiente. Ahora, ese miedo amenaza la reciente tendencia hacia la movilidad compartida, algo que los servicios de VTC individuales no han tardado en aprovechar.

Pero no todo son malas noticias. De la noche a la mañana, la COVID-19 nos ha catapultado a una utopía sin coches, con calles más vacías y silenciosas y un aire más limpio. Para algunos, la micromovilidad individual, sobre todo la bicicleta, se ha convertido en el transporte preferido, y algunas ciudades han suspendido las tarifas de los sistemas de uso compartido o han ampliado los carriles bici en respuesta. El reto ahora es aprovechar cualquier avance hacia una movilidad más sostenible en lugar de volver a lo de siempre tras el coronavirus. Tampoco se puede permitir que el miedo frene o revierta las políticas de reducción del coche si los trabajadores, ya sin confinamiento, rehúyen el transporte público en favor del vehículo privado.

Volver a la normalidad, sea como sea, y prepararnos para la próxima crisis significa que tenemos que empezar a pensar de otra forma en muchas cosas. Aquí es donde pueden ayudar las alianzas público-privadas y la movilidad a demanda basada en tecnologías como la de Shotl. Imagina poder prever la demanda y reaccionar en tiempo real, enviando vehículos solo donde y cuando se necesitan. Además de reducir costes, esta flexibilidad permite adaptar los servicios a los horarios escalonados que se recomiendan para la vuelta al trabajo. La reserva y el pago a través de una app también eliminan la necesidad de que el personal controle la ocupación a bordo o interactúe con los pasajeros. Y la movilidad personalizada y basada en datos incluso permite segmentar a los viajeros por edad, categoría de riesgo u otros criterios demográficos, o desplegar lanzaderas compartidas para determinados trabajadores u otros colectivos.

Esta crisis nos recuerda que la movilidad es un servicio esencial, igual que la sanidad y las cadenas de suministro: los trabajadores del transporte se ponen cada día en primera línea para que otros puedan ir a donde se les necesita. De cara al futuro, el transporte debe ser lo bastante flexible y adaptable para soportar los cambios y la pérdida de ingresos sin dejar de mantenernos en movimiento. Es probable que el mundo sea un poco distinto cuando todo pase. Es hora de pensar si la movilidad también debería serlo.

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Decisiones de planificación, lecciones de lanzamientos y resultados de despliegues reales, escrito para quienes gestionan servicios.

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