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El espacio entre nosotros

La necesidad de más espacio está llevando a ciudades pioneras de todo el mundo a replantearse cómo se utiliza el espacio, recuperándolo de los vehículos para dárselo a las personas para pasear, reunirse, hacer ejercicio o simplemente sentarse.

Gerard Martret
· 3 min de lectura
Peatones, algunos con mascarilla, esperando separados entre sí en un cruce urbano

La necesidad de más espacio está llevando a ciudades pioneras de todo el mundo a replantearse cómo se utiliza el espacio, recuperándolo de los vehículos para dárselo a las personas para pasear, reunirse, hacer ejercicio o simplemente sentarse.

A medida que España relaja las restricciones en sus grandes ciudades, las calles empiezan a mostrar lo que parece un lento avance hacia la normalidad, o al menos hacia una situación que se parece a la que existía antes de la pandemia.

En Barcelona y Madrid, la gente vuelve a salir con cautela a un mundo totalmente distinto del que dejó atrás, en el que ahora se espera llevar mascarilla (obligatoria tanto en espacios interiores como en la calle) y mantener una separación de dos metros, algo que todavía parece difícil de imaginar. Es la llamada distancia social.

Los estudios empiezan a demostrar que el auge de los ciclistas puede ser de gran ayuda en un momento en que la pandemia ha generado un clima de desconfianza hacia el transporte público. Pero nuestras calles se diseñaron para los coches, no para las bicicletas, y la dependencia del coche parece más firme que nunca, ya que muchos encuentran un refugio más seguro en su coche particular.

¿Cómo podemos recuperar nuestras ciudades sin que vuelva el tráfico?

Puede que ahora tengamos la oportunidad de ofrecer a la ciudadanía de todo el mundo una verdadera autonomía en el transporte: opciones valiosas para desplazarse que den la libertad de no tener que comprar ni mantener un coche.

Uno de los efectos positivos de los confinamientos por la COVID-19 ha sido el descenso general de la contaminación atmosférica, gracias a la menor producción industrial y a las menores emisiones de los coches. Dos investigaciones publicadas en la revista Geophysical Research Letters constataron que el dióxido de nitrógeno se redujo hasta un 60 % en el norte de China, Europa occidental y Estados Unidos en la primera parte de 2020.

Otra investigación, considerada por los expertos la más completa y precisa, mide el impacto de los confinamientos en la calidad del aire y muestra que el aire más limpio podría suponer más de 7.000 muertes prematuras menos y casi 7.000 ataques de asma menos en Estados Unidos, un país donde el confinamiento ha obligado a los conductores a pasar menos tiempo en el coche, lo que llevó a las aseguradoras a devolver más de 7.000 millones de dólares, entre el 15 % y el 25 % de las primas, a sus clientes.

Los fabricantes de coches y los operadores tradicionales del sector de la movilidad son los más afectados. A largo plazo, la COVID-19 puede tener un fuerte impacto en la movilidad, ya que provoca cambios macroeconómicos, nuevas normativas y nuevas tecnologías, además de nuevos comportamientos de los consumidores.

En Shotl sabemos que la movilidad seguirá siendo una necesidad humana básica y que, como actores del sector, debemos empezar a ajustar nuestras estrategias para adaptarnos al escenario actual y prepararnos para la próxima normalidad, o crearla.

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