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Las tres eras de la movilidad a demanda

Un nuevo tipo de transporte ha revolucionado la movilidad urbana en la última década. Basadas en tecnología digital de vanguardia y respaldadas por grandes inversiones, las nuevas empresas de movilidad a demanda se han hecho muy conocidas en poco tiempo.

Gerard Martret
· 4 min de lectura
Ciclista pasando junto a patinetes eléctricos compartidos aparcados en una acera urbana

Un nuevo tipo de transporte ha revolucionado la movilidad urbana en la última década. Basadas en tecnología digital de vanguardia y respaldadas por grandes inversiones, las nuevas empresas de movilidad a demanda se han hecho muy conocidas en poco tiempo. Con soluciones puerta a puerta rápidas, flexibles y asequibles, han sacudido un sector anquilosado y han pillado desprevenidos a los operadores tradicionales y a las autoridades.

Guste o no, la movilidad a demanda ha llegado para quedarse, pero ¿hacia dónde vamos ahora? ¿Cómo aprovechar su potencial sin arrasar sectores enteros ni agravar la congestión urbana y la contaminación? Estos son solo algunos de los retos que se analizan en Rethinking on-demand mobility - Turning roadblocks into opportunities, del Future of Mobility Lab de la consultora Arthur D. Little.

El informe identifica tres eras de la movilidad a demanda, empezando por la 1.0: los taxis tradicionales y los vehículos privados de alquiler con conductor. Con muchos activos y dependientes de la habilidad al volante de las personas y de formas tradicionales de venta y despacho, apenas innovaron durante más de medio siglo. Sin embargo, hacia 2009, la revolución digital y la llegada de los VTC abrieron una nueva era: la 2.0. Los nuevos proveedores tienen ahora ventaja gracias a innovaciones como la reserva por smartphone, las opciones de pago sencillas y la visualización de la recogida y la llegada, y al aprovechar el análisis de datos, la tecnología inteligente y la IA para entender las necesidades de los clientes y ajustar la oferta y la demanda en tiempo real.

Curiosamente, aunque los servicios de VTC solo representan el 1 % de todos los kilómetros recorridos en el mundo, crecen más rápido que otras formas de movilidad compartida, como el coche compartido entre particulares, el carsharing o el bikesharing. El informe de Little prevé que los viajes anuales pasen de 6.000 a 83.000 millones y que el valor de mercado aumente de 61.000 millones de dólares (en 2017) a 285.000 millones en 2030.

La 2.0 supone un paso del transporte público colectivo y el vehículo privado hacia la movilidad individual compartida. Los operadores tradicionales y las autoridades se enfrentan ahora a retos importantes y a decisiones difíciles. Por ejemplo, las empresas de taxi deben elegir entre aliarse con las plataformas de VTC o intentar competir mediante una costosa reinvención interna y aprovechando su conocimiento local.

Del mismo modo, las autoridades públicas deben evitar que los VTC con un solo ocupante o con pocos ocupantes sustituyan al transporte público. Aunque existen opciones de viaje compartido, los datos de 2018 publicados en Estados Unidos por algunas empresas de VTC sugieren que la gran mayoría de los viajes siguen sin compartirse. Las autoridades deben regular para incentivar los viajes agrupados y/o colaborar para ofrecer conectividad de primera y última milla y servicios a demanda donde el transporte tradicional de ruta y horario fijos pueda no ser práctico. En Shotl creemos firmemente en el potencial del transporte público a demanda y estamos orgullosos de aparecer como ejemplo en el informe de Little.

Las autoridades también caminan por la cuerda floja de la regulación: una mano demasiado dura puede ahogar una competencia y una innovación beneficiosas; una demasiado liberal podría acabar con los sectores tradicionales. Hasta qué punto las ciudades no estaban preparadas para la 2.0 se refleja en las enormes diferencias mundiales en la legislación y las condiciones de operación de los VTC, lo que les ha impedido escalar hasta alcanzar una presencia global.

Esto preocupa a las empresas de VTC, porque, a pesar de sus agresivas estrategias de «crecer rápido», su modelo con pocos activos y mucho gasto sigue sin ser rentable. Por eso, ellas también deben decidir si competir o colaborar, si personalizar o diversificar su oferta, e introducir innovaciones como los precios inteligentes o las suscripciones.

Sea cual sea la respuesta, el apetito por la movilidad a demanda no hará más que crecer, impulsado por una mayor conectividad, una menor tasa de motorización entre los jóvenes y la integración de los VTC en otras soluciones de movilidad compartida o en plataformas de movilidad como servicio (MaaS). Todos los actores deben estar rápidamente a la altura del reto, porque en el horizonte asoma un cambio aún mayor: los vehículos sin conductor. Aunque todavía faltan algunos años, la «3.0» difuminará aún más los límites entre el transporte público y la movilidad privada a demanda, y aumentará los beneficios de los VTC al eliminar los salarios de los conductores.

La movilidad a demanda es uno de los mayores retos y oportunidades de movilidad de nuestra época. Encontrar el equilibrio adecuado entre los intereses de todas las partes y crear las condiciones para una innovación que beneficie a los clientes será clave para gestionar la transición en los próximos años.

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