Los retos del DRT: conseguir que la gente se suba al autobús
En Shotl nos preguntan a menudo cuáles son los mayores retos para que la gente acepte nuestro modelo de transporte flexible a demanda. La respuesta puede sorprenderte.

En Shotl nos preguntan a menudo cuáles son los mayores retos para que la gente acepte nuestro modelo de transporte flexible a demanda. O, dicho de otro modo, ¿qué usuarios son los más difíciles de subir al autobús? La respuesta puede sorprenderte.
Si haces esta pregunta a la mayoría de la gente del sector de la movilidad, obtendrás la misma respuesta: las personas mayores. Es comprensible, ya que las generaciones mayores tienden a resistirse al cambio, les inquieta la incertidumbre, tardan en adoptar ideas nuevas y a menudo tienen dificultades con las nuevas tecnologías, como la app de reservas de Shotl (y eso si tienen smartphone).
Sin embargo, si dejamos los prejuicios a un lado y miramos nuestro perfil de usuario, la imagen es distinta. Los pasajeros ideales de Shotl son quienes necesitan desplazarse pero no tienen una alternativa fácil al transporte público. Además, el transporte flexible a demanda es perfecto para trayectos locales cortos fuera de las horas punta, o cuando no se puede o no se quiere esperar mucho tiempo o caminar mucho hasta la parada más cercana.
¿Y quién encaja con este perfil y estas necesidades? Exacto, las personas mayores. Tienen libertad para desplazarse cuando les conviene, siguen necesitando acceder a los servicios locales, pero puede que ya no puedan conducir. Así que, lejos de mostrarse reticentes al transporte a demanda, vemos que reclaman soluciones como la nuestra. En cuanto a la tecnología, siempre parecen encontrar la manera de apañárselas, por ejemplo pidiendo a un vecino o a un familiar que les haga las reservas.
Según nuestra experiencia, son en realidad los propietarios de coche quienes plantean los mayores retos. Para los conductores habituales, que cogen el coche para ir a todas partes y hacerlo todo, el transporte público, por cómodo que sea, nunca podrá rivalizar con la comodidad y el confort personal del coche.
¿Cómo abordamos entonces a este grupo más difícil? Pues empezando por facilitar la vida a quienes no conducen y a quienes en realidad no necesitan el coche. Por ejemplo, mejorar la experiencia del transporte público para los jóvenes ayuda a moldear sus hábitos y su forma de pensar antes de que se compren su primer coche. Si lo hacemos realmente bien, puede que incluso retrasemos esa compra unos años, si no indefinidamente.
Tener buenos servicios a demanda también significa que existe una alternativa viable para los conductores habituales los días en que no pueden usar el coche, por ejemplo cuando está en el taller. Si conseguimos demostrar a estos pasajeros ocasionales que el transporte a demanda es fácil de usar, económico y cómodo, con suerte se pararán a pensar si realmente necesitan un coche nuevo cuando llegue el momento de cambiar el viejo.
Al fin y al cabo, no hay una fórmula mágica para influir en los comportamientos y las ideas preconcebidas. Pandemias y emergencias aparte, los hábitos cambian despacio, poco a poco. Por eso, los proveedores de movilidad deben ir restando comodidad a la propiedad del coche con medidas como las restricciones de aparcamiento, los peajes urbanos, etc., y ofrecer al mismo tiempo alternativas de transporte público viables y transformadoras.


