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Piensa en global, muévete en local

La pandemia de la COVID-19 no tiene muchos aspectos positivos, pero el aumento de la cohesión social es uno de ellos. Ahora es el momento de aprovecharlo, extendiendo nuestra preocupación a las comunidades locales y asegurándonos de que puedan adaptarse y sobrevivir a la nueva normalidad.

Osvald Martret
· 4 min de lectura
Comerciante con mascarilla en la puerta de su tienda sosteniendo un cartel de "Welcome, we are open"

La pandemia de la COVID-19 no tiene muchos aspectos positivos, pero el aumento de la cohesión social es uno de ellos. Ahora es el momento de aprovecharlo, extendiendo nuestra preocupación a las comunidades locales y asegurándonos de que puedan adaptarse y sobrevivir a la nueva normalidad.

Es bien sabido que tener servicios variados al alcance de la mano es esencial para la salud de las comunidades y un factor importante en cómo valora la gente su barrio. La diversidad es tan importante para las economías locales como para las especies, y verse limitada a su entorno más cercano ha puesto crudamente de manifiesto sus carencias para mucha gente.

No todo ha sido negativo: los pequeños comercios considerados esenciales han visto un repunte bienvenido de sus ventas. Ahora el reto es no volver a perder terreno frente a las grandes superficies mientras los compradores, recelosos, se suben a sus coches y se dirigen a los amplios centros comerciales de las afueras.

Es un momento decisivo y todo el mundo está atento a hacia dónde irán las cosas. Por un lado, el EY Future Consumer Index ha constatado que muchos consumidores valoran cada vez más las marcas o tiendas que contribuyen a la comunidad o que «se sienten locales». Basta ver la cantidad de iniciativas que han surgido para que la gente haga pedidos anticipados a pequeños negocios y los apoye hasta que se recuperen.

La otra cara de la moneda es el auge de la compra por internet. Cuando en ella intervienen grandes multinacionales, como ocurre invariablemente, los productos baratos fabricados en el extranjero con materias primas entran en el país al mismo ritmo que salen los empleos y la recaudación fiscal. Y el aumento de los kilómetros de transporte, las montañas de embalajes no reciclables y el reparto de última milla frecuente y a pequeña escala suponen una enorme huella de carbono. El verdadero coste del envío rápido y «gratuito» lo pagan las economías locales, el medio ambiente y los trabajadores de la economía de plataformas.

Con el paro en aumento y las economías en caída libre, ahora es más importante que nunca proteger y reforzar el comercio local. En Shotl creemos que el transporte es una parte importante de ello: las iniciativas para promover el comercio de proximidad no son nuevas, pero no siempre tienen en cuenta la necesidad de un transporte local cómodo para que la gente pueda comprar en su barrio, sobre todo cuando se trata de la gran compra semanal.

En el barrio periférico de Torre Baró, en Barcelona, hemos visto de primera mano cómo el transporte local puede facilitar una vida sin coche y ayudar a revitalizar las comunidades locales. Solo dos años después de empezar a operar servicios a demanda, muchos vecinos afirman estar más dispuestos a comprar en el barrio en lugar de ir en coche a un centro comercial. Y, quizá aún más importante, los estudios sugieren que los ingresos pueden aumentar significativamente cuando los compradores no se limitan a entrar y salir en coche, lo que aumenta todavía más el beneficio para las economías locales.

Los pequeños comercios tienen que ser creativos y ver cómo pueden aprovechar también las tendencias actuales. Una solución podría ser competir en el terreno de la compra por internet adaptando tecnologías como la plataforma de reserva y despacho en tiempo real de Shotl para facilitar la compra y el reparto de productos. Yendo un paso más allá, el transporte que ya circula por las calles podría aprovecharse para recoger y entregar paquetes además de personas, algo especialmente atractivo para quienes no pueden permitirse su propia flota. Por último, los proveedores de transporte local podrían aliarse con los comercios para promocionarse mutuamente con descuentos o programas de fidelización.

Hay muchas formas de ayudar a que el comercio local sea tan resiliente como las grandes cadenas. Requiere la implicación de consumidores y autoridades, pero nunca ha sido tan importante. Cuando dejamos que dominen las multinacionales, dejamos a las comunidades mal atendidas y expuestas. Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, y basta con que quiebre un gran negocio para que queden huecos en las calles comerciales. Es hora de no poner todos los huevos en la misma cesta y apostar por cestas sanas y diversificadas.

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