Una ciudad para caminar
Con la llegada de la electrificación generalizada de la movilidad, se debate cuál es la fuente de energía renovable más eficiente en términos de accesibilidad.

Con la llegada de la electrificación generalizada de la movilidad, se debate cuál es la fuente de energía renovable más eficiente en términos de accesibilidad, uso del suelo, impacto en el entorno local y facilidad de uso. Los científicos coinciden en que la proximidad de la producción es un factor clave para evitar las pérdidas de energía en el transporte. Por desgracia, no todas las zonas tienen la misma capacidad de producir energía limpia y muchas siguen dependiendo de la red.
Con la movilidad ocurre lo mismo. Hay zonas con una enorme demanda de movilidad, y una red de carreteras, vías férreas y caminos es por donde nos movemos nosotros, los «electrones» que hacen funcionar la sociedad.
Entonces, ¿cuál es la forma más eficiente de desplazarse? Es bastante sencillo: nuestra forma de movilidad más antigua, caminar, sigue siendo la más eficiente y accesible, la que menos suelo ocupa y la que tiene menor impacto ambiental.
Por eso aspiramos a una ciudad para caminar, en la que nada esté a más de 10-15 minutos, en la que no hagan falta coches, ni siquiera transporte público; una ciudad como un pueblo. Esto significa tener todos los servicios y productos habituales (diarios, semanales, mensuales) a menos de 1 km de casa. ¿Pero a qué distancia estamos de este objetivo? La combinación de iniciativas para liberar de coches los centros urbanos y de un urbanismo centrado en los itinerarios peatonales ya está permitiendo a muchas ciudades europeas empezar a vislumbrar este ideal.
La realidad, sin embargo, es mucho más compleja. Según un estudio independiente de SD Worx, el trabajador europeo medio recorre casi 15 km para ir al trabajo, y otros tantos para volver. Muy lejos de convertirse en un paseo de 15 minutos. Y, aunque la pandemia y la nueva tendencia del teletrabajo pueden ayudar a acercarnos a este objetivo, hemos adaptado nuestra vida al transporte motorizado y es poco probable que esto cambie pronto.
Por suerte, contamos con el transporte público y con nuevas herramientas de movilidad que están ayudando en la transición hacia una ciudad más respetuosa con el medio ambiente.
Pero ¿qué ocurre en las zonas suburbanas y rurales? Es poco probable que estas zonas de menor densidad tengan todas sus necesidades cubiertas en un radio tan corto, y dependen mucho del coche privado. La falta de demanda e infraestructuras en estas zonas puede superarse con enfoques más inteligentes para responder a las necesidades de movilidad. Aquí creemos que el transporte a demanda, como Shotl, puede salvar la situación y convertirse en la piedra angular para acortar distancias en estas comunidades. Al menos, hasta que reorganicemos nuestra vida para tenerlo todo a menos de 1 km de casa.


