Entrevista con Laia Pagès, de CARNET
Este mes hablamos con Laia Pagès, Executive and Research Manager del centro de investigación sobre la movilidad del futuro CARNET y defensora apasionada, desde hace años, de las soluciones innovadoras a los retos de movilidad.

Este mes hablamos con Laia Pagès, Executive and Research Manager del centro de investigación sobre la movilidad del futuro CARNET y defensora apasionada, desde hace años, de las soluciones innovadoras a los retos de movilidad. Laia hizo su tesis doctoral sobre el Mass Transport Vehicle Routing Problem (MTVRP) en una época en la que la mayoría de la gente ni siquiera sabía qué era el transporte a demanda (DRT).
Probablemente eres una de las primeras personas que detectó y abordó el problema de las líneas fijas con pocos viajeros para ciudades y operadores de transporte, ¿verdad?
Es cierto que pensamos en estas cuestiones mucho antes de la implantación del DRT. En 1998, las posibles aplicaciones reales se daban en zonas rurales con muy poca demanda, porque la disponibilidad de datos reales de viajeros y la capacidad de los ordenadores eran muy limitadas en comparación con lo que tenemos ahora. Aunque parezca increíble, programé mi tesis en un portátil (¡que todavía conservo!) que pesa unos 10 kg. No teníamos móviles. La innovación en aquel momento era introducir datos en tiempo real en los algoritmos y la idea de aplicar esas soluciones en ciudades y áreas metropolitanas como complemento del transporte público. Pero incluso cuando terminé la tesis, en 2006, la idea de aplicar estas soluciones en ciudades, aunque fuera en un número reducido de rutas, seguía limitada al ámbito de la investigación. En cualquier caso, nos lo pasábamos muy bien con nuestros algoritmos y con la dificultad matemática escondida en los detalles, ¡que no ha cambiado mucho!
¿Cuáles fueron los principales retos para implantar vuestras soluciones y convencer a los actores implicados de las ventajas del DRT? ¿Y cómo han evolucionado esos retos con el tiempo?
Cuando terminé la tesis, parte del trabajo se utilizó para la gestión de emergencias con una red en Nueva York. De nuevo, desde el punto de vista de la investigación. Las aplicaciones prácticas llegaron un par de años después, cuando se implantó en Texas una versión reducida de nuestros algoritmos para un servicio muy simplificado centrado en zonas rurales (y de baja demanda). Un Mass Transport Vehicle Routing Problem (MTVRP) a la escala que simulamos en los años 2000 en California todavía no se ha implantado.
Ya en Europa, recuerdo que fui a ver a un operador catalán con el profesor Jaume Barceló para intentar «vender la idea» de aplicar nuestros algoritmos a un servicio básico de autobús a demanda. Esas conversaciones podrían haber sido el inicio de un servicio básico de autobús «a demanda» y, quizá, de lo que hoy es el DRT. Pero los operadores no le vieron la ventaja. Tenían contratos cerrados con entidades públicas y su negocio iba bien. El mercado no estaba preparado porque los usuarios tampoco lo estaban digitalmente. La empresa de autobuses no entendía lo que intentábamos venderle, o no se lo explicamos bien. En cualquier caso, no lo compraron.
Y, por último, estando ya en CARNET, descubrí hace poco que el fundador de Shotl, Gerard Martret, visitó a mi director de tesis, el Dr. Jayakrishnan, en California hacia 2010. Yo ya estaba entonces en Alemania. Me han contado que mantuvieron conversaciones interesantes sobre los algoritmos que usábamos entonces y sus posibles aplicaciones. Probablemente, la industria estaba preparada para innovar antes que los operadores.
En cualquier caso, es interesante ver que una pequeña parte de nuestras ideas de investigación empieza a ser rentable para las empresas, a prestar un servicio a la sociedad y a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía… ¡después de más de 15 años!
Ahora que el DRT se populariza y cada vez más lugares implantan sus propias soluciones, ¿crees que existe el riesgo de que todas las administraciones quieran tener su propio DRT, lo necesiten o no? ¿Quizá sustituyendo servicios de transporte con muchos viajeros que funcionan bien?
Existe claramente el riesgo de que cada administración quiera su propia solución, sin la coordinación adecuada. Incluso existe el riesgo de tener varias soluciones e implantaciones dentro de una misma administración pública. En CARNET detectamos este problema hace tiempo. Por eso trabajamos en un proyecto llamado Multidepart (herramienta multioperador para la gestión del transporte a demanda), que terminó en marzo de este año. El objetivo era desarrollar herramientas para planificar, gestionar y supervisar soluciones DRT, dirigidas a las autoridades de transporte público, y facilitar la armonización y la escalabilidad de los servicios DRT en las ciudades europeas.
En cuanto al «riesgo» de sustituir servicios con muchos viajeros que funcionan bien por otros servicios, me alegra decir que estamos trabajando en ello ahora mismo. En CARNET hemos contratado a una estudiante de máster (pronto doctoranda) que termina este verano en la UPC su tesis, titulada «Demand Responsive Transport Evaluation of a Fleet Dependent Model and the Challenge of Unprofitability and Environmental Impact with Increasing Demand», que aborda en parte estos problemas.
Parece que los cambios en la movilidad de las personas se están acelerando. ¿Están los acontecimientos innovadores y rompedores, como la llegada y normalización de los vehículos autónomos (VA), más cerca de lo que cree el público general?
El despliegue de los VA no depende solo de factores tecnológicos. Otras cuestiones como las infraestructuras, la regulación y la aceptación social también son muy importantes. Así que se implantará a ritmos distintos en cada parte del mundo.
Aquí en Barcelona, las autoridades públicas también están reflexionando sobre el papel de los VA. En 2019, CARNET hizo un estudio para la ATM (Autoritat del Transport Metropolità) titulado «El desplegament del vehicle autònom a Catalunya» (El despliegue del vehículo autónomo en Cataluña), que abordaba estas cuestiones.
Siempre digo que los VA se implantarán primero en el sector logístico (el transporte de mercancías) que en el de personas, porque la aceptación es mayor. Metería un paquete en un vehículo autónomo antes que a mis hijos. La conducción autónoma para repartos está casi aquí, al menos en la última milla. Ahora hay pruebas y pilotos por todas partes (dentro de un par de semanas haremos un piloto en una calle real de Esplugues de Llobregat con nuestro robot de reparto de última milla «Ona»), pero necesitaremos normativa para incorporar estos vehículos a nuestras carreteras y ciudades.
Las estimaciones hablan de más de 1.400 millones de vehículos en circulación en todo el mundo. ¿Qué otras acciones pueden ayudar a concienciar sobre la necesidad de reducir esta cifra y lograr ciudades más verdes?
No creo que tengamos que ir en la dirección de «reducir» nada. Yo he utilizado mucho más el transporte y la movilidad que mis padres cuando tenían mi edad (en el sentido de kilómetros totales recorridos en todos los modos de transporte). Mis hijos lo usan todavía más que yo. Estoy convencida de que un sistema de transporte más verde vendrá impulsado por los avances tecnológicos. Nuevos sistemas de uso compartido optimizados, DRT optimizados (mucho más «en tiempo real» que los que funcionan hoy en nuestras calles), tecnologías de propulsión de cero emisiones y la disrupción del transporte aéreo harán que nuestras ciudades sean más verdes sin reducir los kilómetros recorridos.
Las tendencias muestran que los jóvenes renuncian a sacarse el carné de conducir o a comprarse su primer coche, lo que demuestra un cambio de prioridades. ¿Puede el relevo generacional ser un factor decisivo en la adopción de un nuevo modelo de movilidad sostenible?
En Europa, sí. En otros continentes, no. Europa no es tan grande en términos de población, ¡sobre todo de población joven! De nuevo, las nuevas generaciones usan el transporte y la movilidad más que las anteriores. Las nuevas generaciones son nativas digitales, y eso puede ser un factor decisivo para la rápida adopción de nuevas soluciones.
Y, por último, en un tono más distendido: ¿qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?
Para responder a esta pregunta, voy a suponer que mi supervivencia está asegurada, no sé muy bien cómo. Dicho esto, mi respuesta depende de cuánto tiempo tuviera que quedarme en la isla. A corto plazo, dos buenos libros y mi marido. Para una temporada larga, electricidad, wifi, un portátil para escribir y ¡quizá volver a programar problemas de rutas!


